dijous, 4 d’abril de 2013

Continuo sorprenent-me del món, continuo sent un nen. En la infantesa ens formem per a la resta de la vida. Les preguntes més transcendentals vénen de la infantesa. És el període en què passem de la fantasia a la realitat i en el qual ens resistim a acceptar aquest nou món. Crec que és el veritable moment en què som rebels, i també innocents. En la recerca de conservar aquest món és que podem convertir-nos en assassins, policies, lladres o escriptors


Autor: Harold Kremer (Buga, Colòmbia 1955), escriptor.


Font: "El sueño de la muerte", entrevista amb Harold Kremer, per Marcos Fabián Herrera Muñoz. Vist a e-Kuóreo.


Context: Yo sigo sorprendiéndome del mundo, sigo siendo un niño. En la niñez nos formamos para el resto de la vida. Las preguntas más trascendentales vienen de la niñez. Es el período en el que pasamos de lo fantástico a lo real y en el que nos resistimos a aceptar ese mundo nuevo. Creo que es el verdadero momento en que somos rebeldes, y también inocentes. En la búsqueda de conservar ese mundo es que podemos convertirnos en asesinos, policías, ladrones o escritores. Yo diría que el recurso de utilizar un narrador niño (en El prisionero de papá, por ejemplo) es contar un relato en el que ese personaje no tiene juicios o, si los tiene, son equivocados, o no son propios sino de los adultos. Esa carencia de competencia, esas limitaciones, le dan una carga semántica nueva al relato, convirtiéndolo, a veces, en un texto extraño (por ejemplo el comienzo de la novela de William Faulkner El sonido y la furia o la inocencia frente a la interpretación del narrador del cuento Es que somos muy pobres, de Rulfo). Esta focalización de una historia simple puede convertirse en un relato sugestivo, lleno de matices, de simbología y de candidez frente a la interpretación de un universo.