dimecres, 8 de maig de 2013

La fantasia mai no arrossega cap a la bogeria; el que arrossega cap a la bogeria és precisament la raó. Els poetes no es tornen bojos, però sí els jugadors d'escacs



Autor: Gilbert Keith Chesterton (Londres, 29 de maig de 1874 - Buckingham, 14 de juny de 1936), escriptor anglès.


Font: Ortodoxia. Ed Fondo de Cultura Económica, p. 28. Vist a Rictus Morte.


Context:

[...] debemos romper con un prejuicio tan enorme como corriente. Por todas partes se oye decir que la imaginación, y especialmente la imaginación mística, es un peligro para el equilibrio mental del hombre. Se habla de los poetas generalmente como de individuos cuya psicología inspira poca confianza; [...] Pero semejante juicio queda plenamente rectificado por los hechos y las enseñanzas de la historia. Casi todos los poetas verdaderamente superiores, además de haber sido gente muy sana, fueron hombres de notable laboriosidad. [...] La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez. Los matemáticos enloquecen lo mismo que los tenedores de libros; pero es muy raro que enloquezcan los artistas creadores. Ya se entiende que no pretendo atacar los fueros de la lógica; lo único que hago es advertir que el peligro de volverse loco está en la razón y no, como suele creerse, en la imaginación. La paternidad artística es tan saludable como la paternidad física.

[...] Todo nos está probando que el soñar no enloquece. Por ejemplo, los críticos parecen siempre más locos que los poetas. Homero es completamente razonable y sereno; pero sus críticos se han encargado de destrozar su obra y de presentárnosla en jirones extravagantes. [...] Y aunque es verdad que san Juan Evangelista vio en sus visiones extrañísimos monstruos, nunca concibió criatura más horrenda que -la que concibió- alguno de sus comentaristas. Y el hecho es bastante fácil de explicar: la poesía es saludable porque flota holgadamente sobre un mar infinito; mientras que la razón, tratando de cruzar ese mar, lo hace finito; y el resultado es el agotamiento mental. Aceptarlo todo es un ejercicio, y robustece; entenderlo todo es una coerción, y fatiga. El poeta no busca más que la exaltación y la expansión, el desahogo de su personalidad sobre el mundo. El poeta no pide más que tocar el cielo con su frente. Pero el lógico se empeña en meterse el cielo en la cabeza, hasta que la cabeza le estalla. [...]